

En un país destrozado por la guerra, una niña mira al cielo, cierra los ojos y su imaginación empieza a volar lejos, muy lejos del odio, de la tristeza. Se eleva más y más alto, hasta que visualiza ese sueño tan anhelado en el que todos nos damos la mano. Nos invita a soñar para que en su país, Afganistán, reine para siempre la paz. Su sueño se dirige a todas las regiones, se introduce en las casas, en los hogares, en las familias, en los corazones.
Un canto a la paz que nos recuerda la necesidad de ser solidarios y tolerantes.